Febrero 24, 2024

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La dignidad como persona y trabajador

Por Francisco Carrasco Moya

Las situaciones de conflictividad laboral nunca son plato de buen gusto para nadie, pero nos ayudan mucho a forjar una parte de nuestra personalidad porque determinan cómo reaccionamos y qué tipo de decisiones tomamos para afrontar determinados problemas en medio de una tensión a la que no estamos acostumbrados.

En momentos así, experimentamos cuál es el grado de preparación que tenemos para defender los derechos más básicos como trabajadores y personas y hasta dónde estamos dispuestos a aguantar para que no se coarten las libertades.

Hace un año, yo también pasé por ese mal trago; lejos de amedrentarme, utilicé la educación y la firmeza de mis convicciones para no bajar la mirada y hacer frente a quien actúa con premeditacion y alevosía, irresponsablemente, haciendo caso omiso a jueces y sentencias que hay que acatar y cumplir cuando la ley te ampara. Quienes te arrinconan entre la espada y la pared, hasta el punto de creerse con el derecho y la autoridad a tratarme( tratarnos ) como un objeto al que podían manipular a su antojo, sin medir las consecuencias de sus actos, reproduciendo actitudes y conductas impropias del ser humano. Porque eso de escuchar no existe, es mejor el ordenó, mando y decreto.

Nadie tiene el derecho a amedrentar a otra persona con el fin de anularla hasta conducirla a un estado de bajeza que le haga sentirse lo más horrible de este mundo. Contra eso, solo cabe una solución: no caer en el mismo lodazal y discernir sobre la marcha qué conductas hay que tomar para que nuestra integridad y dignidad queden intactas, porque te sientes imponente ante tanta injusticia y no sabes cómo actuar, costandote la salud, como es mi caso.

La fortaleza mental es otra de las cosas que determina si seremos capaces o no de aguantar la presión a la que se nos somete a través de comentarios que buscan ese camino de imponer la autoridad,de confundir al ciudadano con la recurrente mentira de quien no tiene argumentos. No, no somos como la ropa que nuestras abuelas y madres torcían en aquellas pesadas piedras de lavar, sacándola para retorcerla luego con sus manos para que se escurriese toda el agua antes de tenderla.

Trabajar no significa que tengamos que estar sometidos a los dictados de otros, sino responder profesional y humanamente a los trabajos encomendados, y eso no implica que se puedan dirigir a nosotros con comportamientos que abusan de su superioridad, de su fuerza o poder en su relación con los demás, sin limitaciones, causando daños mentales, a veces, irreparables. Hay una delgada línea roja que ninguna de las dos partes debe traspasar jamás; quien lo haga, está abocada a cargar sobre su conciencia, si es que la tiene, con sus actos y sus repercusiones, así como con el descrédito en forma de carta de presentación. En mi caso, me mantuve firme, sin cruzarla, pero reconozco que hubo un momento en que permanecí al borde del abismo, desde el cual me querían empujar.

Ahora, visto desde otra perspectiva, no solo soy consciente de que situaciones así son muy graves y que hay que denunciarlas, sino que proyectan la violencia y el individualismo que rige la sociedad, donde muchas veces impera la fuerza como expresión de la bajeza humana para dominar sobre otros.

Me pregunto dónde está la dignidad, en qué momento del camino de la vida la perdemos, sin importarnos su valor y su necesidad para forjar una sociedad racional. También cómo es posible que, quienes actúan así, puedan dormir tranquilos y seguir riendo como si no hubiese pasado nada.

Nosotros, los trabajadores, la parte afectada, no podemos callarnos. Por el contrario, debemos responder sin miramientos a este tipo de planteamientos para poner fin a que cualquiera trate de denigrarnos en un puesto de trabajo, creyéndose además con el derecho de actuar a su libre albedrío bajo el poder que se les otorga.

No sé qué hacen otros. Yo aprendo de mis errores, pero doy muestras de mi educación y de los valores que me ha transmitido mi familia para reconocer cuándo me equivoco y cómo defender una idea de manera razonada, sin imponerla ni amenazar a nadie. Por eso, quiero recibir el mismo trato de la sociedad, aunque sé que es una utopía a la que no quiero renunciar.

Si me callo, si silencio lo que ha pasado, estaré contribuyendo conscientemente a crear una cárcel donde mi voz y mi dignidad estarán presas y el carcelero tendrá la llave de mi voluntad, al igual que la de quienes también han sido víctimas de presiones laborales como la que yo he sufrído, donde nunca hay testigos de por medio y todo se niega detrás de una careta. De nada sirven las disculpas, el daño ya está hecho, porque ese es el camino fácil para autolimpiar conciencias y para desprenderse de la presión ante el grave error cometido, aunque de fondo tampoco se reconozca. Nunca he visto a un leñador llorar por el bosque que ha talado.

Las mentiras hacen daño y muchos recurren a ellas cuando no tienen argumentos para defenderse en un contexto de conflictividad laboral, provocando el mismo efecto que un disparo por la espalda, es decir, a traición y a conciencia. Solo importa eliminar al que está delante a toda costa.

Al final, cuando sales por la puerta del espacio donde has sufrido ese agravio, siempre debes ser consciente de que eres el guardián de tu propia integridad y que dejas a tu espalda algo en lo que no quieres convertirte.

Y aunque no haya nadie para apoyarte, solo tu familia y tus más allegados, solo tu forma de actuar, basada en la educación y en las respuestas firmes y directas, permitirán que la dignidad de la que hablaba te acompañe al mirarte al espejo y entablar la lucha correspondiente para señalar y pedir responsabilidades de quienes siguen pensando que formamos parte de su cortijo.

Y porque entre todo este proceso he contado con un equipo de personas con una calidad humana impresionante.
A ellos les debo más de lo que yo les pueda dar, se ha hecho justicia. Gracias a ellos he salido adelante.
No he venido a este mundo para que nadie me haga sentirme una basura. No tengo porqué bajar la cabeza cuando alguien lo hace porque ante todo somos personas con corazón. No debo dar un paso atrás. Solo pensar en dicha integridad porque nadie logrará taladrar mi conciencia.

Y porque como decía San Juan de la Cruz; al atardecer de la vida, nos examinarán del amor. GRACIAS ❤

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