Marzo 06, 2021

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¡Más gas! ¡Traer más gas! ¡Es la guerra!

Por Julio C. Pacheco

Supongo que ya habréis leído algo sobre la intención de construir una planta para el suministro de gas licuado a buques en el término municipal de Los Barrios, después de ser anunciado el cierre y desmantelamiento de la central térmica de carbón

Lo primero que me vino a la cabeza fueron los puestos de trabajo y a las familias a las que podían afectar dichos anuncios. Luego piensas y te planteas en cómo será esa afectación a la zona y al municipio. Lo comentas con un par de amigos que son técnicos y conocen de la materia. Te comentan que el gas licuado es mucho menos peligroso en materia de vertidos dado su alto grado de volatilidad y que el riesgo en su manipulación es mínimo mientras se encuentra licuado a una bajísima temperatura en tanques de doble casco. Que en la actualidad hay muchos buques que lo utilizan para su propulsión sin haber, hasta ahora, ningún incidente digno de significar. Que en materia de transición ecológica el gas licuado es de los combustibles fósiles menos contaminantes por contener muy pocas impurezas, siendo éste de combustión limpia. Su almacenamiento y distribución -cómo es lógico- conlleva unos riesgos que tienden a ser minimizados al ser una instalación nueva con tecnología puntera en el sector.

Dada la alta tasa de paro del municipio y la comarca, significantemente agravada por la pandemia actual que sufrimos sería todo un gran avance la construcción de dicha planta, así como los ingresos que reportaría a las arcas públicas.

La versión prohibida:

¿Están ya hipnotizados por el gas natural? ¡Despierten! Lo cierto es que la mayoría de los mortales no somos expertos químicos y nos suena todo esto cómo el chino mandarín. También es bien cierto que lo he comentado con algunos que conocen bien el tema –del todo independientes- aunque no revelaré sus nombres por lo de la legislación en materia de protección de datos de carácter personal, acogiéndome incluso a la quinta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos si fuera necesario.

Lo real es que cierran la planta de carbón y se espera que esto afectará a demasiados trabajadores. Siempre son demasiadas las historias personales de este tipo. Que se presume que disminuirá la contaminación en una zona sobresaturada. Que toda la peña no se puede dedicar a la función pública ni a la política. Que el narcotráfico no puede ser una opción de futuro para nuestros jóvenes. Una zona donde abunda la petroquímica, sus depósitos, el bunkering clásico nacional y el del GNL por parte de los piratas de Gibraltar le han hincado también el diente y ya saben lo bien que sabe su sangre. Estos últimos, donde atracan y reparan minicentrales nucleares submarinas con sus cohetitos y todo. Los british de siempre, que andan pasándose por el forro -con el rollo del diálogo y nuestra necesidad de puestos de trabajo- todo lo que les venga en gana y que seguirán cachondeándose de España, tan sólo que ahora en modo Brexit light. Que tenemos ya un gigantesco basurero a “to meter” tan sólo comparable con nuestra deuda municipal. Y es de tener en cuenta que sino la “atrincamos” nosotros igual viene un “petroquimiosaturado” Boix o similar; que al final el agua y el aire de la bahía es el mismo para todos y sus playas (con certificado Q o sin él). Para mayor tranquilidad es esperanzador que los british han descartado hacer fracking dentro de la bahía. Todo un logro en nuestras concesiones. Esto último era una pequeña broma. Las competencias sobre costas no son municipales, esto no lo es.

Pero bueno habrá que pensar en positivo. La cuadratura del círculo es imposible. Tendré que confiar en las expertas opiniones que lea y escuche. Aunque claro, cuando uno ha sido testigo de grandes incendios con gigantescas columnas de humo más negro que mis pecaos pero de “humo no tóxico”… Tendré que confiar en nuestra pericia, aunque viendo en las noticias cómo convertimos un satélite de doscientos millones de euros en unos gigantescos fuegos artificiales y la historia más próxima del Cesio-137 que ocurrió hace ya un par de décadas (ahora es cuando toca consultar Wikipedia). Tendré que confiar en los nuestros y en haber mejorado con las novedosas técnicas, que también hicieron los teutones -con sus cuadrados genitales- coches de alta gama “to trucaos” para decir que contaminaban menos.

Y por todo esto -ante el molesto silencio público de demasiados responsables políticos que ya andan muy quemados en sus carreras por las restricciones que están teniendo que llevar a cabo contra el bicho estas Navidades- me declaro públicamente marxista, pero no de los de Karl sino de los de Groucho: ¡Más madera! ¡Traer más madera! ¡Es la guerra!

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