Noviembre 29, 2020

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¿Eres facha?

Por Rafael Oliva

¡Claro que no”, dirán muchos, “yo no soy eso!”.  Y estarán en lo cierto, aunque algunos en su entorno se empeñen en llamarles así.  El hecho de votar a tal o cual partido no te convierte automáticamente en facha… ¿o sí?  Para responder a esta pregunta vamos a ver qué es exactamente eso de ser “facha”

Según la enciclopedia libre, “facha” es un adjetivo para definir a personas de ideología fascista. Mmm, ya eso empieza a sonar un poco peor, y además nos lleva a una segunda definición, que esta vez es más compleja. ¿Qué es el fascismo?  Volvamos a consultar el diccionario para encontrarnos con un artículo de varias páginas, cuajado de referencias externas y apuntes históricos: “El fascismo esuna ideología, un movimiento político y un tipo de Estado de carácter totalitario, antidemocrático y ultranacionalista de extrema derecha”.

La cosa empieza a liarse, ahora resulta que el fascismo no es una cosa, sino tres: una ideología, un movimiento político y (encima) un tipo de Estado.  Pero tienen cosas en común.  La primera de ellas es la exaltación de la propia patria y raza, mi patria es lo mejor, viva mi bandera y olé mis huevos toreros.  Esto no es malo de por sí, pero con frecuencia lleva al desprecio o ninguneo de minorías como los inmigrantes, los pobres, los adversarios políticos o el colectivo LGTB.  El máximo exponente es lo que ocurrió en Alemania con los judíos, aunque también tenemos ejemplos contemporáneos como el famoso muro entre Estados Unidos y México.

Otro rasgo del fascismo es un fuerte militarismo, habitualmente viene aparejado de la exaltación de todo lo que tenga que ver con la vida militar o castrense, la alabanza de una férrea disciplina como forma de vida y el ejercicio de la violencia (en sus distintas manifestaciones) contra los “enemigos de la patria”.  En la actualidad lo vemos en palizas o insultos a miembros del mundo gay, vanas peticiones de militarización del gobierno o en la exacerbación de la imagen del ejército.

Los fascistas creen que la democracia está obsoleta, que eso de votar cada dos por tres es un capricho innecesario y que hay que movilizar a toda la sociedad en un estado de partido único que responda eficazmente a las dificultades económicas.  Ya lo dijo cierto dictador español: “mientras yo viva no habrá partidos políticos”, pero también lo vemos en la historia reciente de España con las peticiones de gobiernos de concentración sin color político, o en los planteamientos de algunos políticos para ilegalizar a los partidos de ideología contraria.

Históricamente el fascismo ha mostrado un profundo interés por el mundo rural y sus tradiciones, llamando a identificarse con la tierra y los valores campesinos ante la decadencia y corrupción de los núcleos urbanos desarraigados.  El eje modernidad-tradición está servido.  Esto lo llevamos a un tiempo escuchando en nuestro país, conocido es el amor de cierto dictador por la pesca y la caza, o el apoyo incondicional de algunos líderes actuales por la cacería o por las corridas de toros.  No es una cosa necesariamente negativa, pero sí que deja un cierto olor a tiempos pretéritos y a grupos cerrados de adinerados terratenientes.

Lo importante de todo esto es la realidad subyacente que hay debajo del velo mediático.  La caza o los toros, el apoyo al ejército o el ninguneo político son casi lo de menos.  Lo que de verdad se esconde es la firme defensa del poder establecido bajo las élites económicas y lobbies o grupos de poder no democráticos.  El mando debe recaer en los mismos que llevan siglos mandando en este país para que se sigan beneficiando los mismos de siempre, los que tienen el dinero.

Tú no eres facha. Tú no vas por ahí dando palizas a los gays, ni exigiendo la ilegalización de nadie.  No tienes nada contra los inmigrantes ni odias a los pobres, además piensas que la pluralidad política es una cosa positiva.  Probablemente ni siquiera te gusten mucho los toros, y casi nunca vas de montería.  Sí, te gusta llevar la bandera de España en una pulserita, o en el retrovisor del coche, y obviamente amas a tu país, pero eso no te convierte en facha.  Porque, vamos a dejarlo claro una vez más, tú no eres facha.  Pero el partido al que votas… eso ya es harina de otro costal.

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