Diciembre 14, 2019

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¿Eres constitucionalista?

Por Rafael Oliva

De un tiempo a esta parte se está promoviendo en los mass media la idea de que algunos partidos políticos son constitucionalistas y otros no, como si el hecho de acatar la Constitución automáticamente te beatificase y querer reformar la misma te convirtiese en poco menos que un endiablado energúmeno.  Sin embargo, como suele ocurrir, el discurso mediático está bastante lejos de la realidad y no busca más que blanquear a aquellos que de por sí tienen sus zarpas hundidas en el cieno.  Para no lanzar palabras vacías, veamos algunos artículos de la constitución y analicemos su verdadero significado

Artículo 15. Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte.

Así, sin anestesia.  Si defiendes que los reos de delitos graves (o muy graves, o extremadamente graves) deben sufrir la pena de muerte, pues eres anticonstitucionalista.  Igualmente, si crees o defiendes que personas que han hecho uso de la tortura (como Billy el niño), no solo no deben ser castigados por ello, sino que además son merecedores de medallas y prebendas, pues también eres anticonstitucionalista, por mucha amnistía que se practique.

Artículo 31.1. Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad.

Seguimos pues.  Los impuestos deben ser progresivos, esto es que quien tenga más debe aportar mayor capital, no solo en cantidad, sino también en porcentaje.  De esta manera, si opinas que todos deben contribuir al erario público en un mismo porcentaje (pongamos, por ejemplo, todos al 22%), pues no estás defendiendo la constitución.  La tabula rasa es anticonstitucionalista.

Artículo 35.1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Estamos rodeados de perlas como ésta. Negar la brecha salarial entre hombres y mujeres es ser anticonstitucionalista.

Artículo 39.4. Los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan por sus derechos.

Obviamente, se refiere a los niños no españoles que por circunstancias se encuentren en territorio español, o lo que es lo mismo, personas menores no acompañados por sus tutores.  Querer expulsarlos, criminalizarlos, o simplemente, no protegerlos, es anticonstitucionalista.

Artículo 54.  Una ley orgánica regulará la institución del Defensor del Pueblo.

Querer acabar con la figura del Defensor del Pueblo también es anticonstitucionalista.

Artículo 135.3. Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.

Básicamente, esto quiere decir que se pagará los intereses de la deuda pública antes que las pensiones, la sanidad o la educación.  ¿Dónde quedó eso de que la riqueza del país está al servicio del interés general?  La misma Constitución se contradice, por lo que este artículo es anticonstitucional.  Queda exponer que este artículo se reformó en 2011, siendo ésta una de las dos únicas veces en que se ha modificado un artículo de la Carta Magna (la anterior, en 1992, adecuaba el artículo 13.2 al tratado europeísta de Maastricht).

Artículo 137. El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.

Este artículo es una joya.  Declara que en España habrá comunidades autónomas que podrán auto gestionarse según sus propios intereses.  Por lo tanto, querer destruir el estado de las autonomías o tratar de evitar que se autogestionen (reducir sus competencias) es ser anticonstitucionalista.

Son solo unos ejemplos, pero nos bastan para comprobar que los que se dan muchos golpes de pecho y se revisten con la bandera del constitucionalismo, no siempre son los más firmes defensores de nuestra ley más fundamental.

La Constitución debe servir para mejorar la vida de las personas, es un instrumento al servicio del ciudadano, y en ningún caso debe ser un corsé al que ajustarse por narices.  Los tiempos cambian y con ellos, las leyes, y la Constitución debe también evolucionar hacia modelos más acordes con el hoy en día.  Reformémosla para que todos nos sintamos más cómodos, incluso iniciemos un proceso constituyente que nos lleve a un texto que sea de verdad el sustrato en el que plantemos y reguemos el árbol de la convivencia.

Agradezcamos a la Constitución del 78 los servicios prestados y despidámosla entre vítores, pero demos la bienvenida a una nueva etapa que siente las bases de nuestro futuro. 

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